La lección que recibimos en 2020, cuando fuimos testigos de la majestuosidad de la naturaleza durante los confinamientos, parece haberse olvidado. En aquel tiempo, diversas especies que habían vivido aisladas del hombre por años encontraron una libertad inesperada cuando la humanidad estuvo encerrada por meses. Hoy, tristemente, ese mismo ser humano está aniquilando esas especies, acelerando la destrucción de lo que un día admiramos en silencio. Con profunda tristeza, he sido testigo de los terribles acontecimientos que están ocurriendo en la selva amazónica. No puedo dejar de pensar en el dolor, la desolación y el abandono que sufren la flora, la fauna y las comunidades indígenas, víctimas de prácticas inhumanas que están destruyendo e incendiando todo a su paso. Seres vivos son despojados de sus hábitats y miles de ecosistemas están siendo reducidos a cenizas. El mundo debe voltear su mirada hacia Sudamérica. Bolivia, Perú, Brasil y toda la región están siendo gravemente afectadas, y...